Revive la legendaria historia de El Cid

Rodrigo Díaz de Vivar, nombre completo de uno de los pocos hombres inmortalizados como uno de los más bravos caballeros de toda la Edad Media. Más conocido como «El Cid», ese hombre de origen noble. 

El Cid

Nació entre los varios conflictos que marcaron el proceso de formación de las monarquías nacionales de la Península Ibérica.

Viviendo en el siglo XI, al comienzo de su segunda mitad, recibió la adecuada educación militar que lo distinguía como noble y, en el futuro, en los campos de batalla.

Alrededor de los 20 años, cuando aún era un aprendiz en el arte de la guerra.

Partió hacia la ciudad de Graus donde defendió a la población local contra la investidura del reino de Aragón.

Mediante sus victorias iniciales, alcanzó prestigio al asumir el puesto de comandante de la milicia de Castilla.

En su liderazgo, protegió el reino al que representaba contra un intento de conquista por los ejércitos de León.

El Cid un gran guerrero de su época

Tras la muerte de Sancho, rey a quien defendía, Rodrigo vio los reinos de Castilla y León ir a manos de Alfonso VI.

Bajo el mando del nuevo rey, abandonó los campos de batalla para emplear sus conocimientos jurídicos en favor del nuevo gobernante.

El caballero nacido en un reino cristiano pasó a defender a los musulmanes de la ciudad de Zaragoza contra la investidura de militares españoles interesados en conquistar tierras.

Durante esas luchas, aprisionó a Berenguer Ramón II, el conde de Barcelona que había anteriormente rechazado sus servicios.

Fue en esa victoria triunfal que los musulmanes que lucharon a su lado le dieron el nombre que había hecho su fama como «El Cid».

El término de origen árabe era comúnmente dirigido para llamar a alguien de «señor».

Tal vez por eso, Alfonso VI logró reconciliarse con el bravo guerrero, ofreciéndole tierras y palacios.

Después de nuevas victorias militares, ocurridas aproximadamente en 1090.

Él estacionó sus fuerzas hasta ser convocado por el rey Alfonso VI para defender las tierras reales contra una invasión musulmana.

Misteriosamente él no compareció a los campos de batalla.

Y, por su insubordinación, fue nuevamente expulsado por el rey y perdió sus propiedades.

Sin dinero y sin bienes, El Cid partió para conquistar Valencia.

Y luego se convirtió en señor de gran parte del este de la actual España.

En 1094, entró en Valencia, jubiló sus armas la garantizó a su familia un lugar junto a la nobleza Ibérica.

El Cid falleció en su castillo en Valencia, España, el 10 de julio de 1094. Sus restos mortales se encuentran en la Catedral de Burgos.

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